El fresco viento advierte que los días de otoño están llegando a su fin; sin embargo, las gotas de sol que se cuelan por detrás de la cordillera sudafricana, palpables en la piel desde los jardines de la granja, diluyen el calendario.

Todo viajero que ha tomado este camino hacia el sur –como los holandeses que, en 1862, fundaron el hotel que me da refugio temporal–, ha llegado con una misión, acaso de descubrimiento: explorar nuevas tierras, formas alternas de vida y, desde luego, el universo animal que por años ha fascinado al hombre.

Pero mi misión es distinta. Por eso estoy en este hotel y no en otro. Por eso estoy kilómetros al norte de Cape Town y no en el corazón de la ciudad. No vine para verme las caras con una exótica especie felina en un safari o para adentrarme en una tribu ancestral. La búsqueda es otra: yo he venido a Sudáfrica a tomar vino.

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Lo dicho. Mi estancia en el Steenberg Hotel tiene todo que ver con mi propósito. Se trata de la primera granja vinícola en el cabo, localizada en las montañas de Constantiatia, la pionera de un movimiento que ha desembocado en toda una ruta del vino que incluye varias regiones aledañas, las winelands, como se les conoce.

Precisamente, mi hotel –24 habitaciones inmersas en un espíritu campestre y de lujo, 18 hoyos de golf incluidos– está dentro de la granja y, desde luego, no niega su origen enológico.

Las primeras evidencias son tangibles –y bebibles– en Catharina’s, un restaurante sencillo dentro de la granja, que rinde homenaje a Catharina Ras, una alemana que llegó 10 años después que los holandeses para convertirse en la primera mujer terrateniente de África, precisamente de estas tierras, a las que se entregó en cuerpo y alma desde la concepción de Steenberg Farm.

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El restaurante no tiene mayor pretensión que la de dejar que los vinos de la casa se expresen acompañando platillos fáciles de abordar. Por ejemplo, las burbujas de un sauvignon blanc espumo- so acompañan los ostiones frescos y los ravioles rellenos de langostinos. O el Steenberg Brut 1682, hecho a base de chardonnay, para maridar el curry malayo.