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El mejor restaurante del continente americano según la lista S.Pellegrino –ubicado en el quinto puesto a nivel mundial– ofrece una experiencia que Nueva York nunca antes había visto: una cena que refleja, con un alto grado de perfección, el espíritu de la gran ciudad.

Si algún día tuviera yo la oportunidad de toparme a Danny Meyer en la calle, me sentiría obligado a detenerlo y agradecerle tres cosas. Me explico: Danny Meyer es uno de los restauranteros más exitosos de Nueva York y es responsable, en primera, de las mejores hamburguesas de la Gran Manzana, las famosísimas Shake Shack. Cuando probé mi primer Shake Shack, fue en el local dentro de Madison Square Park. Recuerdo haber notado, en cada bocado, el amor con el que preparaban la carne. El amor que merece una carne que tiene como destino ser cobijada por dos bollos de hamburguesa (gracias, Danny). Ese día no tenía ni idea que, exactamente nueve meses después, cenaría en el bonito restaurante de los grandes ventanales que se encontraba, precisamente, en una de las aristas del parque. Fue Danny Meyer quien, hace 15 años, construyó en el número 11 de la calle Madison, ese espectacular restaurante de los grandes ventanales, con techos altos, un elegantísimo estilo Art Déco y una oferta de cocina francesa (gracias, Danny).

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Pero, tal vez no es ninguna de las dos citadas proezas la que más le agradecería yo a Meyer… sino la humildad con la que reconoció, ocho años después, que a ese sobrado restaurante le faltaba una cocina a su altura. Su visión lo llevo a reclutar el talento de un cocinero sueco que andaba haciendo maravillas en San Francisco. El chef Daniel Humm llegó a liderar la cocina en 2006 y, al poco tiempo, cuando ya había revolucionado el concepto del lugar, le compró el restaurante (junto con su socio, el general manager del lugar, Will Guidara) a Danny Meyer. A partir de ese momento, comienza una historia de evolución y crecimiento: la historia del Eleven Madison Park, el restaurante que sirvió, en 2013, la cena más impresionante que jamás haya llegado a mi mesa.