Mucho hemos escuchado de Machu Picchu, la ciudad inca rodeada de templos e impactantes estructuras que dejan a cualquiera totalmente impresionado, sin embargo, uno de los mejores secretos que esconde es la experiencia extrema que ofrece de subir a Huayna Picchu.

Huayna Picchu, es la montaña que está a un costado de la ciudadela y que funge como la fiel protagonista de la típica foto de postal del gran santuario de Machu Picchu. No muchos hablan de ella por que representa todo un reto, es una montaña a la cual sólo se puede acceder con previa reservación (debes comprar tu boleto con hasta 6 meses de anticipación) y el acceso está limitado a 400 personas por día.

El arriesgado recorrido consta de una caminata de 2 kilómetros con rutas empinadas de hasta 90 grados, los senderos son muy angostos, los escalones son de madera y otros hechos de las mismas rocas de la montaña (que cuando están húmedos también son muy resbalosos).

Al subir habrá partes del sendero donde necesitarás sujetarte de las cuerdas de acero que hay en el camino, a esto podríamos agregar que algunas partes del camino pueden ser un tanto aterradoras, no por nada hay un tramo denominado como “las escaleras de la muerte”, donde podrías vivir algún momento infartante. Los escalones tienen en promedio 35 cm de alto, 70 cm de ancho y 15 centímetros de profundidad, a un lado de ellas encontrara las paredes de la montaña y al otro, una caída expuesta de unos 350 metros, directo al río Urubamba.

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La pregunta es: ¿Vale la pena ponernos en una situación tan extrema? Si tomamos en cuenta que al llegar a la cima podrás disfrutar del asombroso Templo de la Luna, construido dentro de una cueva natural y que tendrás una de de las mejores vistas hacia una de las maravillas del mundo, la respuesta es sí, vale totalmente la pena y la preparación para llegar entero hasta el pico de la montaña, también recibe su recompensa. Es posible que tu vida cambie por completo luego de llegar a la cima.

Texto por Russell Rodríguez