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¿Alguna vez te has preguntado cómo sería dar un paseo en bicicleta sobre senderos cubiertos de nieve en medio del bosque? Por intimidante que pueda sonar la experiencia, es una de las mejores maneras de explorar los paisajes invernales de Mont Tremblant, en Canadá, más allá de las pistas de esquí.

Nuestra aventura comenzó a las 8 de la mañana a una temperatura de -16ºC. Las indicaciones previas fueron, obviamente, ir bien abrigados –guantes, bufanda, ropa térmica, botas para nieve, gorro– y con mucho ánimo para vivir una aventura poco convencional.

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Las bicicletas de D-Tour, la empresa que ofrece estos recorridos, son eléctricas y tienen llantas más anchas de lo normal que permiten desplazarse sin complicaciones ni esfuerzos sobre una amplia red de senderos que llevan a los participantes a internarse en el bosque, cruzar puentes, pedalear a las orillas del río e, incluso, explorar rutas que requieren una mayor pericia por estar pensadas para expertos en ciclismo de montaña.

Una de los aspectos más asombrosos es que dichos senderos reciben mantenimiento todas las noches con ayuda de maquinaria que compacta la nieve y los hace completamente transitables. La aventura también incluye paradas en algunas construcciones que se han localizado estratégicamente en la ruta y que brinda la oportunidad de admirar las especies de pinos e incluso ver como las ardillas buscan y almacenan alimento para sobrevivir al invierno.

A pesar de que al inicio del paseo el frío puede resultar abrumador, poco a poco el cuerpo va entrando en calor gracias a la actividad física. De cualquier modo, es recomendable colocar dentro de zapatos y guantes pequeñas cápsulas de calor que mantienen la temperatura de las extremidades y que pueden hacer más placentero el paseo.

Si tuviéramos que elegir uno de los aspectos más especiales y únicos del recorrido, sin duda, serían esos momentos en los que el viento sacude ligeramente las ramas de los pinos y de ellos comienza a caer pequeños copos de nieve que, atravesados por la luz del sol, parecen polvo de hadas que va abriendo camino a los ciclistas.

La experiencia termina de la mejor manera imaginable: con una taza de chocolate caliente  y con el corazón pidiendo iniciar el recorrido nuevamente.