Enclavada en el terreno rocoso de la Isla de Fogo, se encuentra la estructura volada de madera que alberga el Fogo Island Inn, un hotel boutique que rinde tributo a la riqueza natural, recupera la historia de la región y reinventa las tradiciones de sus habitantes. Esta postal muestra a Canadá en su versión auténtica e inexplorada, inmune al paso del tiempo y al turismo masivo, rodeada por dramáticas bahías, relieves naturales y vistas únicas hacia el mar.

Situada en la corriente del Labrador, junto al “Callejón de los Icebergs”, Fogo Island es un territorio remoto y desconectado, que debe su nombre a la historia de su descubrimiento. Durante la Colonia, una flota portuguesa halló, en medio de la niebla y los bloques de hielo que flotaban a su paso, atisbos de fuego. Descubrieron, entonces, un pequeño territorio en donde la geografía se enfrentaba al entorno que la rodeaba a través de pequeños incendios que surgían sin razón alguna.

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Llamada desde entonces Fogo Island, la isla está delimitada por escarpadas costas producidas por las fuertes corrientes del océano Atlántico. Son estas condiciones geográficas las que han creado un lugar lleno de historias y tradiciones nunca antes vistas.

El casco del hotel recupera la práctica vernácula de crear estructuras temporales, pues antiguamente se prohibía a los colonos levantar una residencia permanente en la isla. Así, se optó por construcciones de madera, dispuestas sobre postes del mismo material que descansaran ligeramente sobre el paisaje y pudieran ser transportadas con facilidad. La naturaleza temporal de estos espacios fue una fuente de inspiración para el diseño del nuevo edificio, que empleó otros materiales naturales en su construcción para alcanzar un equilibrio con el entorno. Así, Fogo Island Inn sobresale en el paisaje, pero pertenece a él.

Con una composición simple, las habitaciones ofrecen todas las comodidades básicas, sin mayores distracciones. Los ventanales del suelo al techo iluminan naturalmente los cuartos blancos, creando combinaciones de sombras conforme llega el atardecer. Los acentos de color en el espacio se consiguen con textiles artesanales creados por la comunidad local.

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Una esquina sobrevolada en la costa alberga al espacio más icónico del lugar. Rodeado de vidrio, el restaurante ofrece las mejores vistas hacia el mar y las olas al romper. Dependiendo de la temporada, se pueden observar icebergs flotando por el canal, ballenas acercándose a la costa o fuertes corrientes marinas impulsadas por los vientos del norte. Aquí, el menú aprovecha la naturaleza –todavía- salvaje de la isla para crear platillos que reflejen la esencia de la región, a partir de ingredientes cultivados en los alrededores de la propiedad.

En el otro extremo, el cuarto nivel del edificio tiene un deck panorámico que alberga un sauna y dos jacuzzis al aire libre. Al anochecer, el cielo estrellado y el movimiento natural del mar consiguen que Fogo Island Inn ofrezca una experiencia de absoluta intimidad.