Noche Buena, sello mexicano (Getty)
Noche Buena, sello mexicano (Getty)
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La flor de nochebuena es uno de los emblemas de la temporada navideña. Su origen tiene una estrecha relación con los pueblos originarios de nuestro país y su evolución es un interesante rasgo del aporte cultural de México para el mundo.

Esta planta originaria de México, tenía un significado especial para los antiguos mexicas; simbolizaba la pureza y la nueva vida. Estas representaciones fueron retomados por los conquistadores religiosos para adaptarlas a las creencias católicas asociadas con la navidad.

Se tienen noticias del valor simbólico y espiritual que los antiguos mexicanos dotaron a las plantas y flores. Se conoce la existencia de jardines botánicos, uno de ellos creado por el monarca Nezahualcóyotl.

Noche Buena, sello mexicano (Getty)

Su historia

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El libro Navidades Mexicanas de la antropóloga Sonia C. Iglesias, da cuenta de estos datos donde señala los diversos usos que daban los indígenas a las flores, no solo ornamentales, medicinales, alimenticios y rituales, como la flor de nochebuena que su nombre en náhuatl era cuetlaxóchitl, que se puede traducir como “la flor que se marchita”.

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La flor de nochebuena era parte de las celebraciones, principalmente en la fiesta de  Tlaxochimaco dedicada a Huitzilopochtli, el dios de la guerra asociado al Sol. Según explica la experta, esta flor se colocaba en los altares dedicados a los guerreros muertos en batalla, pues simbolizaba la nueva vida que obtenían y su regreso a la tierra para beber de la miel de esta planta.

Esta planta es originaria de un poblado cercano a la comunidad de Taxco, en el estado de Guerrero, que en los meses de noviembre y diciembre crecía en los climas cálidos de la región durante la temporada.

Con la llegada de los colonizadores, los religiosos franciscanos encontraron en su follaje de color rojo intenso, el adorno ideal para adornar las iglesias y los pesebres que escenifican el nacimiento de Jesús.

Su uso y popularidad se extendió y durante el siglo XIX cuando el botánico y primer embajador norteamericano en México, Joel Poinsett, llevó la planta a Charleston, en Carolina del Sur donde encontró las condiciones climáticas ideales para crecerla.