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La temperatura en el bosque canadiense desciende hasta cubrir de nieve los arboles y crear bellas postales navideñas. Sin embargo, esos hermosos paisajes se convierten en trampas mortales para varias especies animales.

Para escapar del gélido invierno canadiense, la mariposa monarca inicia un viaje de 8 mil kilómetros y finalmente llega a la sierra de Michoacán. El santuario El Rosario, en el pueblo mágico de Angangueo, se convierte en su hogar por cuatro meses y nos regala uno de los espectáculos más bellos que se vivan en esta región del país.

Michoacán es uno de los estados con mejores accesos vía terrestre, por lo que llegar a El Rosario es sencillo. Lo cansado es comenzar la caminata que nos adentrará en la reserva, justo en el punto donde millones de mariposas reposan y disfrutan de los rayos del Sol.

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El Rosario

Desde la base del santuario, hasta la primera reserva, es necesario caminar unos 35 minutos, o bien montar a caballo durante unos 15 minutos, y después caminar 10 más. Una vez a los pies de los oyameles, todo es disfrutar.

Las mariposas simulan ramilletes colgantes y apenas sienten el golpe del sol, comienzan a volar para cubrir el cielo y contrastar el naranja de sus alas con el verde de las ramas.

Las mariposas encuentran en Michoacán y el Estado de México su hogar durante cuatro meses (de noviembre a marzo) y para poder disfrutar de ellas solo se requiere pagar un donativo de 45 pesos, justo a la entrada del santuario, que se ubica a 3,200 metros sobre el nivel del mar. Un espacio de paz y asombro.

por Víctor Galvan J.

Fotos: Dennys Rodríguez