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Apenas entramos en la casa, entendemos que es especial. No hay sala o comedor, sino una larga mesa con tubos de vidrio. Justo en el centro, un hombre sopla directo a uno de los cilindros, calentado a más de 500 grados centígrados, con ayuda de un soplete. En segundos, forma una esfera perfecta. Así nace el producto responsable de dar vida a Tlalpujahua, Pueblo Mágico de Michoacán, México.

Luego de una tragedia en los años 30 del siglo pasado, cuando los desechos de una mina sepultaron el pueblo, Tlalpujahua sufrió para encontrar una industria que pudiera echar a andar su economía. En 1960 comenzó a fabricar esferas, gracias a Joaquín Muñoz y su esposa María Ruíz, quienes tuvieron la idea de iniciar un negocio familiar.

Rápidamente el pueblo se dio cuenta que si bien las fiestas navideñas duran sólo un mes, la compra de las esferas se puede dar por millones en todo el mundo, todo el año. Hoy, exportan su producto a todo el país, Centroamérica y Estados Unidos.

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Las fábricas pasan desapercibidas en el pintoresco Pueblo Mágico. Las calles empedradas y los techos de teja disimulan la gran industria que se esconde en casas “ordinarias”, donde el proceso inicia con el vidrio soplado.

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Una vez que se tiene la esfera de vidrio, pasa al “taller de pintura”, que generalmente es otro cuarto de la casa o el patio trasero, para que se ventilen los químicos. Se le da un tono plateado por la parte interna de la esfera y pasa a “decorado”.

Cada esfera lleva el toque de quien la decora y eso las convierte en piezas únicas, pues los artesanos de cada uno de estos 400 talleres entregan su talento en cada esfera.

Hoy, los casi 30 mil pobladores de Tlalpujahua se ven beneficiados de la Navidad, pues todo el año realizan la producción, para, desde octubre, comenzar las exportaciones. Las visitas a este pueblo mágico van en aumento en esta época, por lo que la hotelería, gastronomía y servicios, se activan. Para visitar Tlalpujahua, viajamos hasta Morelia con ETN, que presume distintas rutas desde varias ciudades del país. Una vez en la ciudad, es fácil dar con un operador privado que se encargue del trayecto, de poco menos de dos horas, hasta el centro de la comunidad.

Así, las millones de esferas que se producen en el año son exhibidas en los “zahuanes” de cada casa, en tiendas y en una plaza creada exclusivamente para ello, un lugar al que da alegría visitar.

Tlalpujahua renació de entre los escombros, y hoy, brilla gracias a sus esferas navideñas.

por Víctor Galván J.

Foto y video: Dennys Rodríguez