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Si se presta atención a la fachada de muchos de los edificios que ocupan las calles de Ginza, uno tiene la sensación de estar hojeando un catálogo de patrones textiles, allí precisamente donde se concentran gran cantidad de tiendas de las marcas de moda más sofisticadas del mundo. Es casi una obligación pensar en este distrito cuando se trata de hablar sobre los ejemplos más virtuosos de arquitectura moderna en la ciudad. El efecto óptico de los paneles en blanco de la sede de Louis Vuitton, los pétalos cayendo sobre bambúes de Emporio Armani, las ramificaciones doradas sobre el emblema de Dian von Furstenberg o el matrimonio visual entre líneas y puntos de la torre de Dior compiten por atraer la mirada del transeúnte. El lugar no es solo un templo del lujo, también es un exquisito museo de arquitectura al aire libre.

Miles de bloques translúcidos de vidrio componen la imponente presencia de la sede de Hermès en Ginza. La idea de este edificio de 15 plantas se inspira, según
su autor, en las clásicas lámparas japonesas y establece cierta complicidad con aquel que lo admira. Durante el día se puede intuir lo que ocurre en su interior y es al
caer el sol cuando la luz artificial se dispersa a través de su estructura cuadriculada, desbaratando su supuesta rigidez. Aunque no es posible percibirlo a primera vista, el esqueleto del edificio es más flexible de lo que parece para enfrentar posibles movimientos sísmicos, una precaución con la que ya cuentan casi todos los proyectos actuales.

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