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El calor de mediodía es sofocante. Por las calles, en el piso frente a las puertas y las imágenes sagradas, hay ofrendas de ores en pequeñas cestas de palma. Ahora me doy cuenta de que los que antes me parecieron templos son, en su mayoría, casas. Por las calles principales, Jalan Raya Ubud y Jalan Monkey Forest, restaurantes o warungs se alternan junto con cafés, templos, mercado y spas. A la par con la arquitectura tradicional balinesa se ha desarrollado otra que, aunque occidental en su origen, se ha acoplado armoniosamente.

Me llama la atención una casona alrededor de un vasto jardín. Al centro, una fuente donde florece una multitud de lotos. Es el museo Puri Lukisan, surgido como resultado de la influencia que ejercieron sobre el arte local los artistas europeos Walter Spies y Eduard Bonnet durante su larga estancia, alrededor de la tercera década del siglo XX. Ellos fueron de los primeros en configurar la idea del Bali paradisiaco y exótico en el imaginario occidental.

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Diversos artistas e intelectuales visitaron la isla movidos por sus testimonios escritos y pictóricos. Entre ellos, Miguel Covarrubias, pintor y antropólogo mexicano, quien entabló una estrecha amistad con Walter Spies. Como resultado, Covarrubias desarrollaría el libro The Island of Bali, uno de los más importantes documentos sobre las costumbres y creencias de los habitantes enriquecido con sus propios dibujos y las fotografías de Rosa, su esposa y com- pañera de viaje. Después de hojear uno de los ejemplares en la tienda del museo, me pregunto qué tanto de esas coloridas festividades y misteriosos rituales, persiste aún.

A la mañana siguiente, me dirijo hacia el Monkey Forest Sanctuary, el lugar más visitado de Ubud. Estable- cida alrededor de un complejo de tem- plos, esta reserva natural es hogar de más de 600 macacos. Entre el follaje que rodea las veredas, juguetean y se persiguen, las hembras amamantan a sus crías, mientras una pareja se aci- cala al pie de una fuente. Algunos jóve- nes monos caminan disimuladamente detrás de los turistas, esperando el mejor momento para arrebatarles una botella de agua o algo de comida.

Aquí se ubica el Puente de los Dragones, que tiende su cuerpo de piedra para unir los bordes del río que cruza el bosque. A través de él, se accede al templo dedicado a una de las manifestaciones de Ganga Devi, la diosa Ganga, quien descendió a la tierra en forma de río. En los muros de los templos, habitados por feroces dioses emergiendo de formas orgánicas, se aprecia cómo el hinduismo se fusionó con las religiones animistas. Así, se generó el hinduismo balinés. La propia reserva fue establecida a partir de uno de sus principios rectores, el Tri Hita Karana: armonía de los hombres con sus semejantes, con la naturaleza y con la divinidad.