La Gran Muralla China fue construida -entre el siglo V a.C y siglo XVI- para impedir el paso de los extranjeros. Cinco siglos después de su última reconstrucción, sigue cumpliendo con su objetivo.

El sorteo organizado por la empresa estadounidense Airbnb para dormir una noche en una de las torres de la Muralla ha sido rechazado categóricamente por el gobierno chino y el concurso no podrá continuar.

Apenas Airbnb lanzó la iniciativa para montar una habitación prefabricada, comenzó la lluvia de críticas vía redes sociales, ya que el monumento no se encuentra en un buen estado de conservación debido a la gran cantidad de visitantes que recibe mensualmente, por lo que se temía un daño mayor a la estructura.

Se cree que durante la construcción murieron unos 400 mil trabajadores, por lo que utilizarla como un premio de un concurso también fue tomado como falta de respeto.

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La empresa montaría la habitación prefabricada en una de las torres pertenecientes al distrito de Yanqing, en el tramo más visitado, y las autoridades emitieron un comunicado en el cual afirman haber sido notificados del concurso, pero que no lo habían autorizado.

A Airbnb no le quedó más remedió que cancelar el sorteo para dormir en la construcción declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Se dice que la estructura original tenía una longitud de 22 kilómetros, de los cuales hoy se mantienen ocho.

Por Víctor Galván