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El mundo se viste de diferentes tonos de gris tras el caer de la noche en las afueras de Beijing. Sombras juegan bajo la luz de la luna en los extensos jardines del Palacio de Verano y en el aire no hay ningún otro sonido que el suave movimiento de las pequeñas olas del lago artificial, acariciando los muelles y barcos. El palacio parece cobrar vida en la creciente penumbra, causando ilusiones ópticas de movimientos casi imperceptibles o imaginarios. Nunca antes accesible a viajeros después del atardecer, esta joya histórica de China está al alcance de pocos – de los huéspedes del exclusivo Aman Summer Palace.

Construido en 1750, el Palacio de Verano fue el refugio imperial de la dinastía Qing. Su arquitectura fue elaborada con el propósito de cumplir con cada capricho de la realeza, lo que resultó en un diseño que derrocha ostentosidad. Hoy en día dorados barcos navegan el lago artificial en imitación de los grandes buques de oro donde los Emperadores disfrutaban de opera y espectáculos.

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Dentro de este elaborado complejo de lujo, las mansiones reservadas para los visitantes de la Emperadora Cixi fueron revividas y renovadas por la prestigiosa cadena hotelera Aman. Crearon un espacio digno para la realeza, cuya definición va mucho más allá de ‘hotel’. Un portal al pasado, el Aman Summer Palace es una obra de arte que nos sumerge en la fascinante historia de China, volviéndonos partícipes de su cultura milenaria.

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A unos pasos de nuestra villa, a través de una discreta puerta de madera –que con una enorme llave de oro es abierta por nuestro mayordomo– se alza el Palacio de Verano. Lo rodea un laberinto de jardines, templos, mansiones, pabellones, puentes de piedra, escaleras ocultas, lagos, estanques, esculturas y bosques. Las horas transcurren desapercibidas mientras todo lo exploramos y, para nosotros, el tiempo no tiene límites. Una vez que el Palacio cierra para el público general y las multitudes de turistas desvanecen, comienza el reino del silencio que se presta a momentos de reflexión y meditación.

De vuelta al Aman Summer Palace después de un día de aventuras y experiencias mágicas, exploramos la cultura del norte de China a través de su exquisita gastronomía. Nos espera una tradicional ceremonia de té chino en la biblioteca del hotel, antigua madera crujiendo bajo nuestros pies y el aroma de ésta magnífica bebida en el aire. En el restaurante chino gozamos del más auténtico de los platillos de la zona: el Pato Pekín, crujiente y excepcionalmente sabroso. La noche termina en una de las terraza del hotel, frente a un pabellón y estanque donde se refleja la brillante luz de la luna; con una copa de vino en mano nos despedimos de las estrellas.

por Melanie Béard