An asian boy eating a trout which he caught in the mountain. iStock
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En febrero de 1872 el emperador de Japón, Meiji Tenno, cometió algo que los monjes budistas consideraron una grave falta a la tradición del país: comer carne de res. Su descontento no se hizo esperar y entraron por la puerta del Palacio Imperial para buscar una audiencia con el emperador. Los monjes creían que la nueva moda de comer carne podría destruir el alma de la gente japonesa.

Para aquella fecha, consumir res ya estaba prohibido desde hacía 12 siglos principalmente por razones religiosas, pero también prácticas. De hecho, comer este animal era considerado infringir la ley y ameritaba castigos de hasta 100 días sin comer. Aún así, los aristócratas japoneses la consumían, debido al sabor y el status que otorgaba. Incluso existen evidencias de que algunos pagaban impuestos a los emperadores con puerco y res.

Men cook traditional Japanese street food

Otra de las razones por la que consumirla no era aceptado en la sociedad nipona, era debido a la geografía del país. Sus islas están colmadas de montañas, lo cual hace difícil la cría de animales de granja, ya que éstos requieren muchos recursos naturales, los cuales son limitados.

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Desde hace siglos, la dieta del japonés estuvo basada en pescados y mariscos. Y – por extraño que parezca- el delfín era parte de su alimentación, ya que se le consideraba como una especie más de pescado. ¿Quién diría que hoy una de las mejores calidades de carne – el kobe- proviene precisamente de Japón?