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En Rancho Vía Orgánica, a unos cuantos kilómetros de San Miguel de Allende, aprendimos que aún siendo un simple mortal, con poco conocimiento de la agricultura orgánica, puedes aprender del tema y tener tu propio jardín comestible en casa.

Al principio, la idea de comer tu propia cosecha te entusiasma mucho, pero se vuelve más interesante cuando entiendes el proceso que envuelve el cultivo de los alimentos.

Cuando llegamos al huerto, Toño, nuestro anfitrión y experto en el tema, nos dio una introducción sobre cómo Vía Orgánica se concentra en educar y promover este tipo de agricultura mediante el método Biointensivo de cultivo. ¿Y qué es eso? Bueno, es básicamente un método sustentable que no implementa maquinaria, ni agroquímicos y se centra en mantener un suelo vivo y rico en nutrientes. Esto se logra mediante residuos orgánicos de nuestro hogar, al usarlos como fertilizantes, y es ideal para implementarlo a pequeña escala, es decir, en el jardín de nuestra casa, la azotea o en algún pedazo de tierra del que seamos dueños.

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Después, tuvimos un recorrido por todo el rancho para observar los diferentes cultivos que había y quedamos sorprendidos con las acelgas… sí, esas hojas verdes que compramos en el Súper, ahora las teníamos de colores amarillos, rojos y se veían tan frescas, que aún los veggie-haters sufrirían del antojo por sus colores tan vivos. Y eso no era todo, al seguir recorriendo el huerto, tuvimos la increíble oportunidad de cosechar betabel y zanahoria que formarían parte de nuestro plato de ensalada a la hora de la comida.

En este lugar los vegetales crecen de manera tan sana porque la tierra la preparan meses antes de plantar las semillas, las cuales primero se colocan en semilleros durante 2 semanas para después de haber germinado, trasplantarse a una bolsita para su venta, una maceta o una cama de cultivo. Así entendimos la importancia que tiene cada elemento que compone la tierra en donde se planta, para ser rica en nutrientes, y como poder crear nuestra mezcla en casa para lograr una cosecha rica y sana. ¡Vaya que es todo un arte!

Cuando aprendes a cultivar, aunque sea una lechuga, creas conciencia de todo aquello que comes y los hábitos alimenticios que tienes, y si estás, o no dispuesto a hacer algo para mejorarlos. Esta experiencia puede ser tan enriquecedora en todos los sentidos, desde sentir la tierra en tus manos, percibir el olor de lavanda a tu alrededor, hasta tener el privilegio de disfrutar del jugoso sabor de un betabel crujiente al instante de arrancarlo. Vale completamente la pena conocer todo esto de cerca, y más si quieres comenzar un estilo de vida sano y sostenible, aún viviendo en la ciudad.

por Mónica Ortíz