Snowing in Geneva; Shutterstock

Dicen que nosotros los millennials somos la generación más viajera, que nuestras posibilidades son más que las de nuestros padres, que tenemos más facilidad para cruzar fronteras, que buscamos la acumulación de experiencias y no de bienes materiales.

Me rehuso a creer que si bien los tiempos cambian, nuestras ganas de descubrir el mundo, no. Algunos creen que llegar a una “edad madura” es sinónimo de estabilidad y por lo tanto viajar por el mundo parece ser algo inalcanzable, o un gusto muy costoso. Tenemos la idea arraigada de que viajar sale caro, y de que no cualquiera puede darse el tiempo suficiente para hacerlo.

Pretextos para no hacerlo sobran, siempre habrá otras “necesidades” que puedan cobrar más valor o prioridad, pero, ¿cuantos de nosotros no nos hemos quedado con las ganas de hacer aquel viaje que debimos tomar hace años?, ¿cuantos no seguimos anhelando ese momento en el que nuestros ojos vean lo que el corazón desea?

20s

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Algunos empezamos a viajar desde la adolescencia y eso nos trajo una década durante los 20s llena de viajes. ¿Recuerdas tu primer viaje al extranjero? Dicen que después del primero, siempre habrá un segundo, y la verdad es que se puede volver adictivo. La sensación de asombro al descubrir un lugar nuevo nunca dejará de ser suficiente, siempre quieres más.

Thailand; Shutterstock

30s

Otros comienzan después de arduo trabajo y estabilidad profesional, mucho más conscientes de los lugares que quieren conocer y con presupuestos mucho más accesibles que los que empezamos a una edad más temprana. Aún así, la sorpresa de un nuevo destino siempre los mantiene buscando su próximo gran viaje.

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50s

Me llena de emoción conocer a gente que a sus 50s nunca han salido del país, y al hacerlo por primera vez, se vuelven como niños pequeños llenos de expectativa y ansiedad. Sin duda ven el mundo con otros ojos, y estoy casi segura de que sus experiencias son mucho más significativas al vivirlas a esta edad.

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60s

Estoy convencida de que nuestro entendimiento sobre las cosas que realmente valen la pena en la vida, es mucho más claro en esta edad. ¿Imaginas comenzar a viajar por el mundo con ese conocimiento? Sin duda será toda una aventura, pero vivida más despacio, con detenimiento, con la serenidad para comprender todo lo que el mundo ofrece. He conocido personas que después de hacer su primer viaje a Asia a las 62, regresan a casa para dejarlo todo y continuar descubriendo el mundo.

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Nunca es tarde para empezar a viajar, la edad suele ponernos límites, muy joven o muy viejo, lleno de vitalidad o falto de ella. A veces lo único que tiene sentido es escuchar al corazón y seguirlo a ese destino que nos ha llamado toda la vida. Haz ese viaje, toma ese avión y descubre lo que tu ojos anhelan ver, lo que tu alma pide conocer.