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Viajar a Tepoztlán es uno de los mayores placeres que experimenta el actor Ramiro Fumazoni cuando no se encuentra en grabación. “Es un lugar mágico”, nos dice. La cercanía del pueblo con la capital mexicana le permite subir a su pick up, disfrutar el camino y finalmente recordar sus primeros años en nuestro país.

Hace más de 10 años que realizó el viaje por vez primera, en aquella ocasión acompañado por su compañero de casa.

“Venía mucho con un amigo, los sábados, para hacer ejercicio. En una ocasión bajábamos el cerro y llegamos al estacionamiento, donde una persona vendía una Cheyenne, perfectamente cuidada, me encantó y la compré”, recuerda mientras sonríe.

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El tener esa Chevrolet le abrió la oportunidad de hacer los viajes más seguido, de explorar la zona de Morelos y todo el pueblo de Tepoztlán, donde regresa periódicamente, para disfrutar de los platillos típicos.

De aquella Cheyenne recuerda la versatilidad, el poder cargarla y cumplir varios propósitos, ser su cómplice de aventuras. Con tantos viajes fuera del país debido a su profesión, la camioneta cambió de manos, pero ahora, años después, se ha hecho de la nueva versión de la pick up de lujo para no perder su esencia, su camino.

“Tenía que ser la versión nueva y mejorada de aquella Cheyenne. Con el extra de que ahora ya tengo familia, mi esposa y dos pequeños, gemelos, por lo que necesitaba confort y espacio. Esta pick up es ideal, porque cuando estoy con ellos es como una SUV, con toda la comodidad y elementos para disfrutar en familia, pero cuando estoy solo, es poderosa, puedo subir dos motos para off road, o hasta jalar un bote”, agrega.

Ramiro voltea al Tepozteco, un cerro de más de 600 metros de altura, y respira. “El que (la camioneta) sea mi cómplice para regresar a este lugar hace que tenga un vínculo especial. Y claro, cada que puedo regreso, es voltear para ver lo que se ha hecho y aspirar a nuevos logros”.

Por Víctor Guzmán