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Fusionando arquitectura colonial, arte y diseño contemporáneo, renace una icónica finca del siglo XVI que enaltece su legado histórico. Mismo legado que distingue la esencia bajo la cual se creó Juana Bautista Hotel Boutique, que abre sus puertas como un refugio de excelencia en el epicentro de la escena artística de Tlaquepaque, a tan sólo unos minutos de la ciudad de Guadalajara.

Juana Bautista, personaje que da nombre a este hotel, fue protagonista de una apasionante historia en el periodo de la Conquista. La valiente reina Cihualpilli Tzapotzinco, del señorío de Tonalá, rompió paradigmas al convencer a su pueblo de recibir a los temidos conquistadores con un banquete para evitar el baño de sangre en esta hermosa tierra.

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El encanto y la amabilidad de Juana Bautista Danza, como fue llamada desde ese momento, marcaron la pauta para la formación del reino de la Nueva España. Esta leyenda, recobra un nuevo brío para dar vida a un concepto inigualable en la hospitalidad.

7 habitaciones genuinamente diferentes

Juana Bautista cuenta con un total de siete suites de distintas categorías, todas únicas y genuinamente diferentes. El nombre dede cada una de ellas se inspiran en los títulos de reconocidas canciones de la música tradicional mexicana, como Amor Eterno, Las Mañanitas, Cielito Lindo, El Rey, Nube Viajera, Hermoso Cariño, y Motivos.

Los ambientes de cada espacio de Juana Bautista incorporan profusamente texturas y materiales en una estética ecléctica, contemporánea y, a su vez, sofisticada. En el diseño interior se respetan elementos del pasado, como son los pisos de mosaico con patrones geométricos; se añaden toques tradicionales en textiles artesanales y se enfatiza con una cromática audaz y contundentes piezas de opulentos materiales como el cuero y el mármol.

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Entre su patio, terraza y columnas de cantera gris, la Casa Histórica recobra su esplendor para renacer como un espacio que rinde memoria a la época en la que fue erigida. Los detalles artesanales están presentes en todos sus rincones, reflejando la maestría y delicadeza de las manos locales en el mobiliario. En las áreas comunes resulta inigualable abrazar la sombra de un árbol con más de 200 años de edad o escuchar el relajante sonido del agua que fluye de la fuente traída desde París en 1850.