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Hablar de Ecuador es hablar de cacao. Su producción es sinónimo de cultura, desarrollo social y un patrimonio intangible tan enriquecido como los paisajes naturales que caracterizan al país. Y es que es tal la abundancia de la naturaleza ecuatoriana, que ha tenido un papel protagónico en las zonas de producción al dar al cacao atributos de sabor y aroma únicos y característicos de la región.

Aquí sobresale el ‘Arriba Nacional’, nombre que hace referencia a su origen río arriba de Guayaquil. Con acentos que evocan a cítricos, nueces, caramelo, miel y flores, esta especie de cacao ha alcanzado un equilibro entre lo frutal y lo picante, creando un sabor complejo que lo ha posicionado en el plano internacional.

República del Cacao

Y ha sido este, precisamente, el pretexto perfecto que los amantes del chocolate han usado para visitar Ecuador. El Ecuador que, ajeno las Islas Galápagos, a los volcanes, los lagos y las playas de arena blanca, se mantiene fiel a una historia de tradición familiar y un oficio que entrelaza la riqueza cultural y natural.

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Guayaquil es el punto de partida para explorar una ruta del cacao que mantiene aún la esencia local y se oculta con recelo del turismo masivo.

Son pocas las granjas que abren sus puertas a los curiosos y los tasting rooms instalados en alguna que otra ciudad. Pero es este proteccionismo el que asegura una experiencia de auténtica inmersión que motiva solo a aquel que presume de tener una pasión, sea por la historia, por el chocolate o por las dos.

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Dentro del Grand Hotel Guayaquil, La Pepa de Oro Café sirve el mejor chocolate caliente del país, envuelto en una narrativa histórica gracias a las paredes que exhiben escenas de la industria del cacao nacional.

Muy cerca de la ciudad, dentro de la provincia de Guayas, la Hacienda de Cañas ofrece recorridos a sus plantaciones para explorar así la evolución de las tradiciones que rodean al cacao.

Aunque alejada del centro de producción, la ciudad de Quito ofrece un acercamiento a la industria chocolatera nacional a través de las tiendas y chocolaterías de las dos grandes compañías del país, Pacari y República del Cacao.

Pacari

República del Cacao reúne distintas creaciones inspiradas en la pureza del chocolate, desde tabletas, hasta aderezos y aceites. El chocolate de Pacari se caracteriza por combinar su sabor con frutas y semillas de la región, generando combinaciones sorpresivas. Las estrellas son la tableta con arándanos andinos y la explosiva combinación de chocolate amargo con sal de mar.

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Ambas compañías tratan el cacao Arriba Nacional en una manera sustentable que, además de proteger el intercambio justo con los productores locales, asegura la protección de la naturaleza ecuatoriana.

Así, regresando a las raíces de la agricultura orgánica, la industria chocolatera ecuatoriana cierra un círculo de protección sobre los ecosistemas de Ecuador, primera fuente de riqueza del cacao.