Tenerife es una bocanda fresca. El pecho crece con el olor de mar y de esa brisa que sólo se siente en los archipiélagos.Medio aislada y medio cercana a África y Europa, Santa Cruz de Tenerife combina la modernidad con el sosiego.

Es como un respiro. Perteneciente a las Islas Canarias, esta ciudad española, pero pegada al Sahara Occidental, es como un paréntesis en el Atlántico, y también en el día a día.

Recorrer la Rambla de Santa Cruz es un ejemplo: en las primeras horas de la tarde sólo se puede disfrutar la caminata. Los negocios están cerrados y abrirán sólo cuando la noche empiece a asomarse.

Pero mientras, la vida sigue. Así lo anuncia el campaneo de ese tranvía del centro de la ciudad. Pero a pie se vive distinto. La gente camina ligera por entre las callejuelas. Disfruta los helados, el no tener prisa.
Las chicas se sientan en la fuente de la Plaza de España y ven las horas pasar. Otras prefieren el parque García Sanabria, pues sus veredas invitan a caminarlas, a sorprenderse con sus piezas arquitectónicas.
Esa paz apenas se rompe por un grupo de programadores españoles y extranjeros, pero siempre con risa. En esta tarde de julio, se celebra Mapas (Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur).
En esta segunda edición, más de 140 curadores de Colombia, México, España, Portugal, Panamá y otro países llegan a degustar teatro, danza, música y circo, para decidir cuales de las 160 agrupaciones artísticas llevarán a los distintos fetivales culturales que representan.
También a ellos, de pronto, se les ve en paréntesis. Toman una pinta en los bares costeros o simplemente se sientan en el parque a disfrutar del lugar. Pues sí, para todos, es un respiro.
por Enrique Navarro
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