Felix Odell

Era un día gélido de enero. Acababa de dar la una de la tarde y la luz ya empezaba a atenuarse. Para las 2 pm, ya estaba totalmente oscuro. Desde la cubierta de un barco pesquero, en los fiordos noruegos, el océano parecía profundamente intimidante: agitado, negro y tan frío que te adormece los huesos. Pero para los buzos que estaban alineados en la proa, las condiciones eran perfectas.

Bajo la superficie se había reunido una manada de orcas, atraídas por un banco de arenques que habían migrado a este estrecho del mar de Noruega durante la mañana. Los buzos estaban a punto de nadar con las orcas en su hábitat natural, algo que pocos aficionados han experimentado. Uno de ellos era Felix Odell, el fotógrafo sueco que tomó estas imágenes.

El grupo de Odell iba a cargo de Patrick Dykstra, un naturalista que desde hace casi una década ha filmado y estudiado a la población de orcas que viene a esta parte de
la costa noruega todos los inviernos. Dykstra ha admirado a las ballenas toda su vida y dejó su trabajo como abogado corporativo en 2013 para probar suerte con el video subacuático. Desde entonces, ha aportado material visual para la galardonada serie Blue Planet II, de la BBC.

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Los invitados a su safari de orcas, organizado por la agencia británica de viajes Natural World Safaris, deben nadar muy bien y tener una gran pasión por la vida marina, mas no deben esperar un servicio de cinco estrellas. Como lo describió Dykstra, “estoy allá afuera, filmando a las orcas, porque es lo que me encanta hacer. A veces llevo invitados”.

Felix Odell

Las orcas son parte de la familia de los delfines y cazan arenques junto con sus crías; trabajan en grupos familiares. Un día típico en la embarcación de Dykstra comienza con descubrir a dónde irán las manadas de orcas, cosa que puede ser una aventura en sí. Una vez que Dykstra recibe una pista, empieza la carrera para alcanzar a las orcas en donde las avistaron, antes de que terminen de cazar y se vayan. “Tienes que ser veloz porque pueden viajar muy rápido. Tuvimos suerte ese primer día de encontrar a un grupo nadando alrededor de un bote de pesca”, cuenta Odell.

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Pero como la luz del día se disipaba, la visibilidad bajo el agua era poca. Los buzos podían distinguir apenas a unos cinco metros de distancia a las orcas, que pueden medir entre siete y casi 10 metros, más o menos lo que mide un autobús londinense. Cuando una apareció entre las aguas turbias, llenas de sedimentos, la experiencia fue transformadora. “Ver a estos seres enormes de cerca fue verdaderamente fantástico”, dijo Odell. “Cuando estás bajo el agua, puedes oírlas comunicándose, hablando entre sí. Su presencia es extremadamente gentil. Al mismo tiempo son muy poderosas, desde luego”.

Felix Odell

Los ataques de orcas contra humanos, en cautiverio, están bien documentados. Sin embargo, hay pocas pruebas de que lastimen a la gente cuando están en libertad. Pese a todo, los líderes del viaje toman muy en serio la seguridad; les dan largas charlas informativas a los invitados para que sepan cómo interactuar con estos seres bajo el agua. “He tenido miedo”, reconoció Dykstra. “A final de cuentas, son animales salvajes, así que claro que tienes que tener cuidado”.

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A Dykstra lo mueve la fascinación por la especie. “Las orcas son increíblemente inteligentes”, explicó. “Tienen una cosa llamada sonar biológico, que les da una lectura de su entorno como una especie de resonancia magnética. Saben de inmediato que no eres su presa típica. Después de un rato, empiezan a reconocerte. Y desde luego que reconozco a orcas individuales porque he regresado año con año”. Dykstra reconoció que la emoción de ver a otros entusiastas de las orcas interactuando por primera vez con estos seres sensibles pero extraordinariamente poderosos es adictiva. “Me encanta ver a la gente que no acostumbra pasar su vida en la naturaleza, como yo, emocionándose al ver a las orcas de cerca. Todo el tiempo veo a los invitados llorar”.