Careyes
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Los chinos tienen su propio Año Nuevo, y la razón detrás de esto es el movimiento de la Luna. Desde hace 3000 años, la civilización china creó su propio calendario estudiando las fases de lunares a profundidad, y estas no solo definen los meses, sino que les dan un significado particular.

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Basándose en esto, y alejándose del calendario universal, los chinos celebran su Año Nuevo cuando llega la segunda Luna llena después del solsticio de invierno -y este año llegó en la madrugada del 4 al 5 de febrero. Para celebrarlo, visitamos una pequeña costa frente al Pacífico, famosa por sus construcciones coloridas, su atmósfera mística y sus fiestas surrealistas: Costa Careyes.

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Hace ya bastantes años -tantos, que nadie recuerda la fecha exacta- un chef de origen chino que trabajaba en la región sorprendió al dueño de Careyes, Gian Franco Brignone, con un sinfín de historias sobre esta celebración única. Fue tal la fascinación de Brignone, que decidió instaurar su propia fiesta como tributo a la rica herencia cultural de China.

Costa Careyes

Desde entonces, el Año Nuevo Chino se ha convertido en la fiesta favorita de los residentes y en su excusa para volver a Costa Careyes, estén en donde estén. Y basta pasar apenas unas horas en la celebración para entender el porqué.

La Plaza de los Caballeros del Sol, que funciona como el centro cultural de Careyes, se cubre de rojo gracias a las tradicionales lámparas de papel y los manteles de las alargadas mesas, pensadas para compartir. Y la explosión de color se concentra gracias a un techo falso formado por hileras de pequeños foquitos que llenan el espacio de calidez.

La fiesta empieza con una cena estilo buffet, cuyos platos están también inspirados en los sabores orientales. El postre, sin embargo, es completamente mexicano: los churros hechos al momento y bañados en cajeta ofrecen el final ideal.

Costa Careyes

Durante la cena, un espectáculo de luces muestra al animal que se está celebrando. Al ser este el año del cerdo, una inmensa escultura de papel desfila por el espacio, acompañada por música y fuegos artificiales que agregan un aire místico. Después, son invitados al escenario todos los asistentes que compartan, como signo del zodiaco, a este animal, para ser celebrados con un jorongo bordado por mujeres de las comunidades locales. Y ahí, México y China se vuelven a encontrar.

Entonces, terminando la dinámica de apertura, es momento de la fiesta. Un DJ se encarga de amenizar la noche con música para entretener a todas las generaciones. Tantas son las ganas de bailar de los asistentes, que el escenario deja de ser suficiente y se extiende alrededor de las mesas y hasta el fondo de la plaza.

Las horas pasan y los invitados no dejan de celebrar, de escuchar las historias de los demás y de hacer sentir como en casa a los que, por primera vez, atienden la celebración. Y es que aquí, el Año Nuevo Chino se convierte en la plataforma ideal para que los viejos amigos se reencuentren y las nuevas generaciones aprendan, de la manera más divertida, sobre este enriquecido intercambio cultural.