por Fernanda Chandler
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Desde los días de la Roma antigua hasta el sol de hoy, el Trastévere, al oeste de la ribera del Tíber, siempre ha tenido un aire desaliñado y bohemio, único y diferente al resto de la ciudad. Con la luz del día, por sus callejuelas, de edificios medievales —siempre carentes de una última capa de pintura— y adoquinadas con el clásico sampietrini, se respira una mezcla de descuido y placidez que contrasta con el resto de Roma y con la aventura que comienza al atardecer y se convierte en la vibrante vida nocturna de sus bares y terrazas.

Pintoresco y Bohemio

El Trastévere no siempre fue parte de Roma. En la antigüedad se encontraba a las afueras de las famosas murallas que resguardaban la ciudad, por lo que se convirtió en refugio multicultural de marineros, pescadores, y extranjeros; comunidades orientales, judías y sirias habitaban sus calles. Así, el Trastévere se inventó una pintoresca cultura única y propia que hoy retiene. Para conocerlo hay que vagar por sus calles, y el mejor lugar para comenzar es por el corazón de este barrio:

La basílica de Santa María en Trastévere

Esta iglesia guarda en sus silencios el eco de la historia. Es considerada uno de los primeros templos cristianos y data del siglo III. Fue fundada por el papa Calixto I (quien también le da el nombre a las famosas catacumbas). Para renovarla (siglo XII) se trajo el mármol que quedaba en las Termas de Caracalla. Es famosa por sus mosaicos que recubren la fachada y que le dan su carácter medieval. Imperdible el mosaico del ábside, de Pietro Cavallini (1291), que describe momentos de la ‘Vida de la Virgen.’

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por Fernanda Chandler

La fuente octagonal de Santa María en Trastévere

Tiene sus orígenes en el siglo I AC, pero ha cambiado tanto como la misma Roma. Las manos de Bramante le dieron las cabezas de lobo que la decoran. Bernini añadió sus cuatro conchas. Carlo Fontana también dejó ahí su huella; pero son romanos y turistas los que la remodelan cada día, adornando su arquitectura con su presencia, sentados en su piedra arrullando sus conversaciones al sonido del agua.

Pasticceria Valzani

Dulces tradicionales que se remontan a la Roma Imperial. Fue en 1925 cuando abrió sus puertas esta tradicional dulcería para ofrecer especialidades típicas romanas como Pangiallo Romano —elaborado de frutos secos y almendras que los romanos los consumían durante el solsticio de invierno. Otra de sus especialidades es el tradicional pastel de Navidad Lazio, el Panpepato Romano.

por Fernanda Chandler

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Pasta all’uovo Sorelle Piras

Una comida italiana no puede pasar sin la pasta y el mejor lugar para ravioles y tallarines frescos y caseros es la pequeña tienda de Pasta de huevo de las hermanas Piras.  Originales de Cerdeña, las Hnas. Piras llevan más de 25 años vendiendo pasta fresca que preparan y cortan ahí mismo frente a tus ojos y a tu gusto. Hay con huevo y sin huevo, ravioles con ricotta y espinacas o de carne, tortellini, champiñones o lasaña ragout, papas o ñoquis de sémola; ¡todo fresco para la cena!

La Piazza Trilussa

Se abre al viejo Ponte Sisto y la plaza, conocedora de sus años, lo recibe con una refrescante fuente. Desde los políticos de la Roma antigua hasta los papas de la Iglesia han procurado congraciarse con el pueblo romano abasteciéndolos de agua. Fue el Papa Pablo V quien en 1613 construyera esta fuente para la distribución del Aqua Paola— el antiguo acueducto de Trajano. La fuente es el eterno testigo mudo de las historias de esta plaza, la cual a la luz del día se ve visitada por nonnasbambinos, y turistas con sus guías. Según va cayendo la tarde, veremos artesanos, músicos, jóvenes y enamorados que reemplazan a madres y a niños con su música, su algarabía y su interminable búsqueda de diversión.

por Fernanda Chandler

Antica Hostaria Ponte Sisto

Desde 1928 se sirven en esta encantadora esquina lo mejor de la cocina romana y mariscos frescos al estilo napolitano, acompañados de una generosa selección de vinos.

Otaleg: El mejor gelato de Roma (gelato al revés)

La verdad sea dicha, Roma tiene los más impresionantes monumentos antiguos, iglesias que guardan hermosos frescos, mármoles y esculturas renacentistas y ruinas que nos transportan a los días de gloria de la Roma imperial. Sin embargo todo eso oscurece ante los colores, sabores y texturas de un buen gelato. Otaleg tiene 4.5 estrellas en Tripadvisor y múltiples recomendaciones. Definitivamente entre las 3 mejores gelaterias de Roma.

Villa Farnesina

Esta villa renacentista diseñada por Baldassarre Peruzzi y decorada con frescos de Raphael, Sebastiano del Piombo y Giulio Romano perteneció al Cardinal Alessandro Farnese, (de ahí que se le conozca como La Farnesina) nieto del papa Pablo III, y un enamorado del arte, Farnese no podía dejar de adquirir esta bellísima villa junto al Tíber.

Como Locales del Trastévere

Empapados de arte renacentista, con el sabor del mejor gelato de la ciudad todavía en el paladar, felices y satisfechos tras una auténtica comida romana, y con el feliz cansancio que dan los paseos por los callejones de Roma, podemos decir que conocemos el Trastévere como si ahí mismo hubiéramos nacido.

por Maite Basaguren