Silueta de Ámsterdam reflejada en el canal | Jordan Pulmano para Unsplash
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El Barrio Rojo de Ámsterdam es conocido alrededor del mundo gracias a sus eclécticos bares, los burdeles… y las trabajadoras sexuales. Por años, este ha sido su principal atractivo, y en su momento el gobierno de la ciudad apostó porque así fuera, pero las nuevas administraciones han decidido acabar con esta icónica zona tal y como la conocemos. Todo, para proteger a las mujeres que ahí laboran.

Hace unos días, Femke Halsema, alcaldesa de la ciudad desde julio de 2018, presentó el proyecto El Futuro de la Prostitución de Ventanas en Ámsterdam. De acuerdo con Reuters, la publicación enumera una serie de cambios a llevar a cabo en el futuro cercano, de ser aprobado: el primer paso será terminar con los famosos bailes de escaparate; después, se mejorarán las condiciones laborales de las trabajadoras sexuales, se cerrarán varios burdeles de la ciudad y aquellos que puedan permanecer en funcionamiento (únicamente con bailes y sin contacto físico) serán reubicados en otras zonas de la ciudad.

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Esta es la última de una serie de decisiones que buscan dar una mayor importancia a la mujer que al turismo. La primera de estas se dio hace casi dos décadas, cuando el gobierno decidió legalizar la prostitución para reconocer a las mujeres como trabajadoras independientes. Pero, aunque esto supuso una mejoría en su día a día, no cambió la actitud de quienes las visitan.

Jordan Merrick para Unsplash

En febrero de 2018 se empezaron a regular las visitas guiadas por el Barrio Rojo y limitar el máximo de personas por tour; además, se prohibió tomar fotos y se obligó a los visitantes a dar la espalda a las ventanas durante las explicaciones de los guías y a caminar por la zona sin prestar mucha atención. Todo, para proteger la intimidad de las trabajadoras.

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Meses más tarde, y después de una serie de protestas de las mismas mujeres demandando un mejor trato de parte de los visitantes extranjeros, el gobierno de Ámsterdam decidió acabar con las visitas guiadas. ¿El argumento? Para mostrar el respeto que merece, el Barrio Rojo se visita solo, sin tomar fotos ni golpear en los vidrios.

Hoy, Femke Halsema sabe que poco han hecho estas prohibiciones y por eso ha decidido reinventar el barrio. A profundidad, su plan contempla registrar a todas las mujeres como trabajadoras autónomas, para que puedan tener acceso al seguro social y otras facilidades del Estado. Pretende, también, analizar cada burdel a profundidad para asegurarse de que no haya casos de tráfico y prostitución forzada.

El Futuro de la Prostitución de Ventanas en Ámsterdam será presentado al consejo de la ciudad, que votará por su aprobación a finales de año.