De norte a sur, Israel (junto con nosotros) busca entre sus raíces bíblicas las respuestas para llegar al mejor vino de la historia. Aquel que no sólo transforme una copa, sino que cambie el paladar del mundo para siempre.

Apenas hemos caminado unos metros en la zona de migración del aeropuerto Ben Gurión, Tel Aviv, y la primera señal se hace presente en un cartel escrito en hebreo, el cual exclama una sentencia del Libro de Isaías.

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Moshe, el argentino encargado de guiarnos hasta el corazón de la nueva industria vitivinícola israelí, la traduce e interpreta: “En líneas generales, dice que si encuentras uvas en el camino, las cuides porque ahí hay placer y prosperidad… y no lo digo yo. Está ahí, en las escrituras”.

Aún con la interpretación de Moshe en la mente, continuamos nuestro camino por los pasillos del aeropuerto hasta llegar a un peculiar mural donde se exponen grandes logros de la nueva ciencia israelí. Ahí, uno de los carteles cuenta los pormenores de la investigación de los doctores Elyashiv Brori y Ehud Weiss de la Universidad Ariel, quienes persiguen, en tres mil años de historia, el rastro de uvas bíblicas para recrear el “viejo vino” y, a partir de ahí, plantear una nueva propuesta: la religión y la ciencia buscando en el mismo lugar.

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Eso representa el vino en Israel: un camino para establecer la plataforma de identidad de una comunidad.

Hoy, el desarrollo de la industria israelí es innegable y ahí están, como prueba, los procesos de investigación que involucran a la tradición religiosa de la región como parte esencial de la producción vinícola. Sin duda, un encuentro en el que la ganadora es la uva.

“Para nosotros, la figura del barón de Rothschild es esencial para entender la historia del vino israelí. Él se encargó de traer uvas francesas y empezó a involucrarnos en la producción. Nos permitió entrar al proceso de elaboración… fue el benefactor de la uva y el primero en dar un paso en la historia de nuestra industria, pero las últimas tres décadas marcan la diferencia. En este periodo hubo grandes avances en la calidad. Creo que esta aspiración ha sido el puente para que, juntas, religión y ciencia mejoren el vino”, sentencia Victor Shoenfeld, encargado de Golan Heights Winery, una de las casas vitivinícolas más importantes y una de las pruebas de que hoy, el vino israelí es sagrado.