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Inaugurado en noviembre de 2014 al interior del complejo turístico de Vidanta en la Riviera Maya, Joyà fue el primer espectáculo permanente de Cirque du Soleil fuera de Estados Unidos.

Trata de las aventuras de M. Zelig, una suerte de científico que conjuga las obsesiones de un botánico con las del alquimista, y Joyà, su sobrina, quien viaja a la península de Yucatán para pasar una temporada junto a él, dependen de la capacidad histriónica de sus actores para que la historia –una sucesión de eventos inconexos que recrean, con ligereza, escenas legendarias de la historia de nuestro país– no se pierda detrás de los números de trapecio, contorsionismo, juegos Icarianos y trampolín que guían la frágil narrativa.

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A diferencia de otros títulos de Cirque du Soleil, Joyà no vive únicamente en el escenario. La primera parte se que ocupan las gradas concéntricas del teatro. Antes de que los acróbatas salgan a escena, un equipo de más de 40 cocineros, se encarga de servir 194 cenas por cada presentación (además de canapés y copas de champagne para los 200 lugares que no incluyen la cena completa). Al igual que los números circenses, el menú, a cargo del chef Arcadio Chi Rodríguez y Alexis Bostelmann, chef ejecutivo de Vidanta Riviera Maya, parte de las referencias locales –chía, lima, axiote, naranja agria– para enriquecerlas con influencias internacionales –salmón, short rib– y, sobre todo, repite la voluntad de Joyà por desdibujar las fronteras entre lo real y lo imaginario –el menú, impreso sobre delgadas láminas de harina, la vinagreta presentada en un envase con tapa de jícama–.

“JOYÀ ES UNA VERSIÓN DE MÉXICO EN DONDE LO REAL SE CONFUNDE CON LO IMAGINARIO Y LO IRREAL SE VUELVE FANTÁSTICO”.