Ilán Rabchinskey
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A cada lado del pavimento, todo es verde. La selva rodea los último tramos de carretera de los 75 kilómetros que dejamos atrás después de abandonar el aeropuerto de Cancún. Vegetación a la izquierda, vegetación a la derecha. El camino plomizo termina donde arranca la escalinata que conecta con el vestíbulo del hotel Xcaret, un nuevo spot bañado por el agua turquesa del caribe mexicano que recibe a sus huéspedes bajo un techo estructurado de bejuco.

Uno de los primeros detalles que llaman la atención en este espacio, son esculturas que simulan corales y custodian la sala donde los visitantes aguardan la asignación de sus habitaciones. Karla, con una amplia sonrisa tras la recepción, ayuda con ello. Coloca en la muñeca un brazalete que, según explica, sustituye a las típicas tarjetas que dan acceso al cuarto y al resto de los parques y atracciones existentes de la cadena en Xcaret. Un nuevo concepto en hotelería que se resume en la expresión All fun inclusive.

Hotel Xcaret (Ilán Rabchinskey)

El detalle artesanal

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Habitar un hotel puede ser una experiencia peculiar. Es adueñarse de un espacio ajeno y encontrar sentidos propios a los elementos que se encuentran ahí. En este nuevo edificio de Xcaret, apenas hace unos meses que puede cumplirse este cometido. Su reciente apertura despierta curiosidad. Es este el motivo que nos tiene recorriendo sus pasillos, primero, y al centro de una de sus 900 habitaciones, después. Desde aquí la vista hacia la inmensidad marítima es directa e hipnotizante.

Tal vez sea la primera vez que alguien se mece en la hamaca que atraviesa el balcón y que fue tejida por manos artesanas de Yucatán; incluso, es probable que nadie antes haya encendido la lámpara de ónix en forma de caracol que descansa sobre el escritorio de madera. Los detalles que definen este espacio están marcados por el aroma de lo nuevo y por la determinación de los acabados. Al interior de las habitaciones, el tramado artesanal es el sello distintivo: cojines bordados en puebla, telares coloridos de chiapas, baldosas tradicionales de talavera, piezas de barro negro y lámparas de nido detalladas por los reos del CERESO de Chetumal.

Otro de los grandes atractivos del hotel se encuentra en su propuesta gastronómica, la cual se concentra en la tradición culinaria mexicana, desde lo más popular como los esquites, la barbacoa y los tacos al pastor de El Mercado, hasta las fusiones con la comida mediterránea en el restaurante Fuego. También hay presencia internacional con Xin Gao, una servicio basado en ramen, sushi y otras muestras de la cocina oriental que debe su nombre al juego de palabras con el concepto Gao Xin, que en japonés se traduce como felicidad.

Pero incluso al interior de alguno de los 10 restaurantes, el diseño y la arquitectura son ingredientes importantes. Cada uno recrea su esencia en el mobiliario, la iluminación y decoración de cada uno de ellos. Sillas de colores vivos en La trajinera, paredes de bambú con una fuente parsimoniosa al centro de Xin-Gao y un inmenso muégano de faros y candiles en el techo de La cantina.

Hotel Xcaret (Ilán Rabchinskey)

El caribe, protagonista

Esta mañana, la sorpresa llega en forma de lluvia y el idilio soleado que promete ser un día de playa se transforma en un asombroso espectáculo: una tormenta frente al caribe. No todas las decisiones las toma el viajero, a veces el clima tiene iniciativas que alteran el itinerario. La precipitación no impide que los huéspedes se claven en alguna de las albercas del recinto. La que rodea el restaurante La trajinera parece ser la favorita. Desde su borde exterior, se aprecia al mar romperse en olas mientras una capa de neblina descansa en la superficie y las gotas de agua responden a las leyes de la gravedad. Para disculparse, el sol aparece cercana la tarde posando sus rayos sobre las paredes que, con esta iluminación natural, intensifican su tono ocre.  

La propuesta del arquitecto David Quintana está conformada por líneas sencillas en las que se integran elementos de la naturaleza existentes en el terreno previo a la construcción. Pretende unirse al ambiente, tratando de no ser invasivo. Está es una de las razones por las cuales el Hotel Xcaret, es el primero en el Continente Americano que obtiene una certificación por planeación y diseño por parte de la prestigiada organización EarthCheck.

Aquí, el gran protagonista es el caribe. En torno a él gira el diseño. Todos sus puntos, incluso los más lejanos, son una invitación ineludible a volcarse hacía él.  La naturaleza se impone.

El caribe se impone (Ilán Rabchinskey)