Foto: Highland Park Bowl
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En una noche regular en Highland Park Bowl, una variedad de cocteles agrega color a la barra mientras que el golpe del hielo en el vidrio suena al son del impacto y caída de los bolos.

Abierta por primera vez en Los Ángeles en 1927 y recientemente reinaugurada, la bolera recupera su antiguo esplendor gracias a los espacios preservados que cuentan la historia de uno de los bares más interesantes durante la prohibición.

Foto: Highland Park Bowl

Además de la bolera y un espacio con música en directo, el edificio acogía consultorios de doctores que recetaban whisky -de manera legal- y una farmacia en donde los pacientes intercambiaban las recetas por el destilado de su preferencia.

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Con el paso de los años, tras la ley seca, el boliche fue quedando de lado y el local se convirtió en un espacio dedicado por completo a la música, antes de ser olvidado.

Foto: Highland Park Bowl

Hoy, después de permanecer cerrado por décadas, Highland Park Bowl se asoma a su época de esplendor. Envuelta en las paredes originales, la bolera reúne sillones de piel antiguos, pósters de bandas de los 1950s y botellas de whisky acomodadas en jaulas de cable.

El ecléctico espacio reúne ocho líneas de boliche, un área de comida -con un menú que reinventa los clásicos americanos-, un área para escuchar música y, por supuesto, la barra, especializada en coctelería y cervecería.