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Rodeado por el Bosque de Chapultepec -uno de los parques urbanos más grandes de su tipo- el Museo de Historia Natural ha sido un punto de encuentro con la ciencia y la naturaleza para varias generaciones. Pero, a más de cinco décadas de su apertura, su evolución era un paso obligado. Para ello logró  conectar el trabajo de arquitectos, científicos y expertos en interactividad para acercarse a los nuevos curiosos del universo.

Este museo es particular desde su estructura. Se trata de un conjunto de estructuras circulares que se destacan entre las vegetación por sus llamativos colores azul y rojo. Para Tanya Muller, representante de la Secretaría del Medio Ambiente de la capital mexicana, se trata de un edificio que es parte del patrimonio artístico de la ciudad de México.

Al interior de estas bóvedas se resguarda información sobre la creación del cosmos, la evolución de las especies y la diversidad biológica que habita en planeta y, particularmente, México. Las réplicas en tamaño real de un diplodocus, así como un dientes de sable y un perezoso gigante; son las piezas que reciben a los visitantes en la renovada exposición en el interior de este edificio. Dichas piezas permiten imaginar cómo era la vida hace millones de años.

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La novedad principal del Museo de Historia Natural de la Ciudad de México es la interactividad. En estaciones multimedia los visitantes pueden aprender sobre evolución y biodiversidad a través de pantallas con árboles genealógicos donde se puede rastrear la historia evolutiva de una especie. Existe también, una maqueta donde es posible observar cómo se formó el territorio mexicano a través de las eras y los climas y condiciones geográficas que hoy lo definen.

Estas estaciones fueron diseñadas por la empresa Siete Colores, quienes ya tienen  experiencia en estaciones de interactividad e innovación. En el proceso fue vital la participación de investigadores como Javier de la Maza con la finalidad de renovar y actualizar el contenido científico que integra la exhibición, así como la participación de los bufetes de arquitectos Gantous y Arditti.

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Las cuatro bóvedas, las cuales representan 3 mil metros cuadrados del recinto, constituyen la primera etapa de remodelación para la cual el Gobierno de la Ciudad de México destinó 220 millones de pesos. 

¿Qué ver? Estos son las tres piezas imperdibles de este museo que conecta con la naturaleza y la ciencia.

  1. Las réplicas en tamaño natural de un perezoso, un tigre dientes de sable y un  fósil del Diplodocus carnegii de 4 metros de alto.
  2. Las estaciones que recrean ambientes de la diversidad existente en México, desde la selva hasta los manglares pasando por el desierto y los bosques.
  3. El mapa interactivo que explica desde los climas existentes en el país hasta los factores que determinan la biodiversidad