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Viajar demasiado, no dormir lo suficiente o echarle la culpa al jetlag no es suficiente. Hay hábitos que tenemos, o que no tenemos, que drenan nuestra energía y nos hacen sentir agotados durante el día. Muchas veces no logramos entender por qué nos aqueja el cansancio, ya sea físico o mental. Aquí te explicamos algunas de las actividades que lo ocasionan y soluciones rápidas que te pueden ayudar.

Tomas una copa de vino (o dos) antes de acostarte

Una copa nocturna parece una buena forma de relajarse antes de quedarse dormido, pero puede ser contraproducente. El alcohol deprime inicialmente el sistema nervioso central, produciendo un efecto sedante, dice Allen Towfigh, director médico de New York Neurology & Sleep Medicine, P.C.

“Pero en última instancia, sabotea el mantenimiento del sueño”. El alcohol crea un efecto de rebote a medida que se metaboliza, lo que crea un aumento repentino en el sistema de adrenalina, dice. Es por eso que es más probable que se despierte en medio de la noche después de haber estado bebiendo. El Dr. Towfigh recomienda suspender todo el alcohol de tres a cuatro horas antes de acostarse.

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Eres perfeccionista

Esforzarse por ser perfecto, seamos realistas, te hace trabajar mucho más duro y por más tiempo de lo necesario. “Establecer metas que son poco realistas las hacen difíciles o imposibles de alcanzar, y al final, no hay sensación de auto satisfacción”. Irene S. Levine, profesora de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York recomienda establecer un límite de tiempo para trabajar en tus proyectos y realmente seguirlo.

Te saltas el desayuno

La comida alimenta tu cuerpo, y cuando duermes, tu cuerpo continúa usando lo que consumió en la cena la noche anterior para mantener el bombeo de la sangre y el flujo de oxígeno. Cuando te levantas por la mañana, necesitas alimentar tu organismo para que siga trabajando. Al no hacerlo, te sentirás lento.

“Desayunar es como comenzar una gran fiesta en tu cuerpo al poner en marcha tu metabolismo”, dice Goodson. Se recomienda un desayuno que incluya cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables. Algunos ejemplos incluyen avena con proteína en polvo y un poco de mantequilla de maní; un batido hecho con frutas, proteínas en polvo, leche baja en grasa y mantequilla de almendras; o huevos con dos rebanadas de pan tostado integral y yogur griego bajo en grasa.

No haces ejercicio cuando te sientes cansado

Saltar tu entrenamiento para ahorrar energía realmente no funciona. En un estudio de la Universidad de Georgia, adultos sedentarios pero sanos que comenzaron a ejercitarse ligeramente tres días a la semana durante 20 minutos seguidos, reportaron sentirse menos fatigados y con más energía después de seis semanas. El ejercicio regular aumenta la fuerza y ​​la resistencia, ayuda a que tu sistema cardiovascular funcione de manera más eficiente y aporta oxígeno y nutrientes a tus tejidos. Así que la próxima vez que sientas la tentación de quedarte en tu cama, al menos sal a dar una caminata rápida, no te arrepentirás.

Sueles pensar que pasará lo peor

Si asumes que estás a punto de ser despedido cuando tu jefe te llama a una reunión inesperada, o tienes demasiado miedo de andar en bicicleta por la preocupación de tener un accidente, entonces sufres de “catastrofizar”, en otras palabras, siempre estás esperando que ocurra lo peor. Esta ansiedad puede paralizarte y hacer que te agotes mentalmente, dice Levine.

Al detectar que tiene estos pensamientos, respira hondo y pregúntate qué tan probable es que realmente suceda lo peor. Salir al aire libre, meditar, hacer ejercicio o compartir tus inquietudes con un amigo puede ayudarte a sobrellevar la situación y volverte más realista.

 

No tomas suficiente agua

Incluso estar un poco deshidratado – tan poco como el 2% de la pérdida normal de líquidos- afecta los niveles de energía, dice Amy Goodson, una dietista de Texas Health Ben Hogan Sports Medicine. La deshidratación provoca una reducción en el volumen de sangre, explica Goodson, que hace que la sangre sea más gruesa. Esto requiere que tu corazón bombee de manera menos eficiente, reduciendo la velocidad a la que el oxígeno y los nutrientes llegan a sus músculos y órganos. Para calcular sus necesidades normales de líquidos, tome tu peso en libras, divídelo por la mitad y toma esa cantidad de onzas de líquido al día, recomienda Goodson.

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No estás consumiendo suficiente hierro

Una deficiencia de hierro puede hacer que te sientas lento, irritable, débil e incapaz de concentrarte. “Te cansas porque menos oxígeno viaja a los músculos y las células”, dice Goodson. Aumenta tu ingesta de hierro para reducir el riesgo de anemia: consume carne magra de res, frijoles, tofu, huevos (incluida la yema), vegetales de hojas verde oscuro, nueces y mantequilla de maní, y combínalos con alimentos ricos en vitamina C, la vitamina C mejora la absorción de hierro cuando se comen juntos, sugiere Goodson.

Nota: una deficiencia de hierro puede deberse a un problema de salud subyacente, por lo que si experimenta estos síntomas, debe visitar a tu doctor.