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El coche avanza por carreteras y caminos despavimentados acompañados, casi permanentemente, por el mar. Y, de pronto, el paisaje empieza a cambiar. Toma solo una vuelta al volante para que el azul del Pacífico quede atrás y, en su lugar, domine el verde de los viñedos.

A medida que avanza el camino rodeado por plantaciones, se van descubriendo las construcciones modulares de los hoteles de la zona; todos, con una arquitectura orgánica, inmersa en el entorno natural.

Ahí, entre paisajes espectaculares y un clima mediterráneo durante todo el año, el Valle de Guadalupe es el corazón vinícola de México y una referencia en gastronomía y hotelería a nivel internacional. Por eso, no es sorpresa que esta enriquecida región sea la nueva sede para celebrar Hotel Awards.

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Frente a una serie de viñedos circulares, 19 cabañas blancas conforman al hotel Cuatrocuatros. Con madera, acero y telas blancas de algodón, su arquitectura logra interactuar con el paisaje, mientras ofrece una serie de actividades para experimentar el territorio a través de la contemplación, los paseos en bicicleta y los deportes extremos.

Toma menos de 30 minutos, a paso lento para disfrutar la vista, llegar a El Cielo Winery & Resort, rodeado por las montañas y dos lagos. Y, una vez más, la fachada combina con el fondo natural. Entre copas de vino y una cocina tradicional, aquí se descubren los sabores característicos del Valle.

Más adelante, en el centro de la montaña, los 22 lofts que conforman a Encuentro Guadalupe presumen inmensos ventanales y terrazas privadas con vistas a los plantíos y suelos vitivinícolas que se extienden alrededor de la propiedad. La tranquilidad que aguarda este lugar invita, no solo a empaparse del Valle, sino a aprovechar los días para relajarse y descansar.

Enseguida, está Bruma, cuyas 15 villas se ven enmarcadas una serie de troncos con formas casi surrealistas. Dentro, se encuentra el restaurante Fauna, que ha logrado revolucionar la oferta culinaria del Valle gracias a su propuesta de regresar a los orígenes, a los productos locales y las presentaciones sencillas, pero capaces de ofrecer experiencias más allá del paladar.

A su alrededor, la oferta hotelera, culinaria y vinícola se extiende aún más, con espacios que son, ya, eternos favoritos –y con nuevas propuestas no paran de llegar. Y ahí, en el centro de todo, entre montañas, cultivos y el mar, el Valle de Guadalupe invita a no parar de beber, comer y disfrutar.