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Un sutil aroma a leña, a humo, te conquista al entrar. Enseguida inicia el espectáculo para la vista, con los miles de troncos de madera apilados que dividen las cinco mesas comunitarias, y culmina en el centro, donde está la cocina abierta que presume un gran horno (también de leña).

Ahí, desfilan los ingredientes, que son tratados con mucho cuidado para que no pierdan su esencia y exploten en tu paladar. En la carta predominan los vegetales, pero, por supuesto, hay pescados y mariscos, cortes de carne y otras delicias, como lechón, entraña y rack de cordero. Una de las estrellas es el tuétano a la parrilla con costra de parmesano y tortillas tatemadas. Todo lo puedes acompañar con vino o dejar que el mixólogo sea tu guía.

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