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Las chinampas son un sistema ancestral para cultivar flores, verduras y hortalizas en los lugares cercanos a lagos y lagunas. En la Ciudad de México era una práctica habitual, pero con el tiempo se fue reduciendo sólo hacia Xochimilco y, después, comenzó a perderse el método; a pesar de que la zona fue nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

Lucio Usobiaga y su amigo Antonio Murad iniciaron un proyecto (en 2011) para rehabilitar la zona agrícola sur (las chinampas). Se apasionaron tanto con el tema que lo convirtieron en un modelo de negocio para beneficiar a pequeños productores, y ahora trabajan con una red de consumidores responsables, académicos y chefs de la Ciudad de México; le pusieron el nombre de Yolcan.

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Al inicio del trabajo los fundadores conocieron a Noé Coquis, chinampero de Xochimilco y guardián de la tierra, quien les presentó a su familia y otras que también dependen de esta forma de producción. Sin embargo, también les mostró las chinampas abandonadas que han sido convertidas en campos de futbol, jardines para fiestas o invadidas con casas.

 

Cortesía: Yolcan

 

Desde 2013 Yolcan expandió su modelo a Huasca, Texcoco y San Miguel Xicalco, donde han podido sembrar una gran variedad de frutas y verduras gracias a los tipos de suelo y clima de cada sitio. También trabajan con el CINVESTAV del Instituto Politécnico Nacional para limpiar el agua y el suelo en las chinampas.

 

Las familias tienen muchas dificultades para sobrevivir de lo que cultivan en las chinampas, por eso Yolcan se encarga de vender los productos a los chefs de Quintonil, Pujol, Máximo Bistrot, Rosetta, Contramar y Raíz, entre otros; de hacer canastas de alimentos y comercializarlos a través de yolcan.com y de organizar experiencias para que las personas conozcan el sistema, viajen en trajinera y coman productos frescos.

 

Recientemente también hicieron una “Cena por las chinampas” en beneficio de Xochimilco, en el Ex Convento de San Hipólito, ubicado en el Centro Histórico de la CDMX. El trabajo continúa desde distintos frentes y se empiezan a ver los primeros resultados, pero aún hay mucho por hacer.

 

Cortesía: Yolcan