(Photo by Kypros/Getty Images)

Margaret Wetzler acababa de terminar la carrera de gastronomía cuando le llegó una oportunidad de oro que parecía imposible rechazar: ser la chef de una súper estrella de la música. Nunca se imaginó que su vida se transformaría por completo cuando realizó una audición para convertirse en la persona que cocinaría todas las comidas de Prince.

Como ella misma lo cuenta en una entrevista, un periodo de tres meses se convirtió en una vorágine de pruebas cada día más difíciles, al mismísimo estilo The Devil Wears Prada. Todo empezó desde el momento mismo en que fue contratada y tuvo que cocinar una cena ese mismo día para Ryan Seacrest. Una de las primeras advertencias que recibió fue no hablarle a Prince a menos que él le hablara primero y estar siempre disponible 24/7 porque podrían llamarla en cualquier momento, sobre todo por las noches porque las actividades del cantante tendían a ser nocturnas.

Wetzler cuenta que ella misma tenía que llevar sus sartenes y ollas y estar preparada para cualquier pedido, por más inverosímil que pudiera parecer. Desde hacer una ceremonia de té inglesa en una hora (para lo cual tuvo que comprar los scones y los sándwiches de pepino porque no le daba tiempo de prepararlos); preparar una cena para celebridades con poco tiempo de anticipación y hornear un pastel de cumpleaños a las 11 de la noche (que también tuvo que comprar).

Prince
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La joven chef cuenta que entre las excentricidades del compositor incluían tener un librero lleno de biblias de Testigos de Jehová que obsequiaba a cada invitado que iba a su casa o que uno de sus asistentes fuera vestido de traje sastre aunque se encargara de hacer la lavandería. Pero también indica que el cantante era muy amable, que siempre la presentaba con cada invitado a sus cenas y que una vez que no pudo ir a Coachella por culpa del equipo del cantante, la invitó a ver su presentación con él en su sala de cine mientras le contaba los pormenores de su set en el festival.

Después de tres meses de sentirse en un reality show de cocina a diario, Margaret Wetzler renunció por cansancio (no había tenido un sólo día libre en todo ese tiempo). Y aunque dice que no se arrepiente de su experiencia, nunca volvió a ser chef personal de nadie.