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Mucho ha cambiado desde la fundación en México de la bodega Pedro Domecq en 1972, desde la forma en que se percibe al vino en México, hasta los paisajes vinícolas del Valle de Guadalupe en Baja California. Por eso, después de 46 años de existencia, una renovación era necesaria. Así fue como la bodega Pedro Domecq decidió reinventarse y volver a abrir sus puertas.

Ahora visitar esta emblemática empresa vinícola supone una experiencia sensorial y educativa que incluye un museo y mapping digital. Mediante ambos recursos el viajero conocerá más sobre la historia del vino mexicano, desde la llegada de los primeros misioneros europeos en la región, hasta la actualidad.

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Sin embargo, el corazón de la bodega, es decir los viñedos, serán el centro de atención. En sus más de 10 hectáreas se encuentran distintos varietales como cabernet sauvignon y merlot, hasta chardonnay y viognier. La renovación llegó hasta los vinos, especialmente para las líneas XA y Château Domecq, las cuales fueron reinventadas por el enólogo Alberto Verdeja. Algunas etiquetas por probar son Blanc de Blancs, el monovarietal de Cabernet Sauvignon, el blend tinto de Cabernet Sauvignon, merlot y nebbiolo; y el blanco de Chardonnay y viognier.

Conocer este fresco rostro de la Bodega Pedro Domecq, es sencillo. Sus puertas están abiertas para que viajeros y locales visiten sus viñedos, accedan a la gran cava subterránea y degusten algunas de las etiquetas en el bar de vino.

Dónde: Kilómetro 73 carretera Tecate – El Sauzal, Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Lo mejor es reservar con anticipación.