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Que el Titanic fue un trasatlántico que se hundió el 14 de abril de 1912, es un hecho que la mayoría de las personas conocen. Mucho se ha dicho alrededor de la tragedia e incluso se realizó una película homónima que cuenta cómo sucedió uno de los naufragios más famosos de la historia. Y, como era de esperarse, en esta monumental obra la gastronomía está involucrada. De hecho, en el “barco que ni Dios podría hundir” se sirvió un banquete inigualable, que terminó por ser lo último que probaron las personas que iban a bordo de esa naviera.

En el menú de primera clase

Al igual que como sucede en la actualidad, la primera clase de pasajeros recibían manjares exclusivos. De ahí que su menú consistiera en ostiones y vol-au-vents de hongos, como parte de las entradas; filete mignon con alcachofas y foie gras, como plato principal; y manzanas horneadas con helado de vainilla de postre. Ellos también pudieron disfrutar de salmón ahumado de desayuno.

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Para los pasajeros que reservaron camarotes de segunda categoría, hubo mimos como cordero en salsa de menta, pollo en curry y arroz y pavo rostizado, así como roast beef con puré de papa y salsa gravy y hot cakes de trigo sarraceno con salsa de manzana.

Todos los viajeros podían disfrutar en sus camarotes de cabin biscuits, galletas tipo cracker cuyo objetivo era ayudar a los pasajeros a controlar el mareo por el movimiento del mar. Mientras que en la cena había ensaladas de berro, puré de nabo y Jack potatoes, con crema, tocino y cebollín.

 

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