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Dentro del mundo de las bebidas espirituosas, el mundo del mezcal resalta por ser de los pocos que aún conservan su carácter completamente artesanal. Sin embargo, en una oferta cada vez mayor, de vez en cuando se encuentran destilados que dan mucho más que eso: bebidas que no sólo resaltan por su sabor, sino por un compromiso incansable con su entorno, sus productores y sus consumidores. Se trata de Mezcal Pierde Almas. Es curioso que este espirituoso haya recibido tal nombre, si alma es, precisamente el ingrediente que lo hace único.

Mezcal Pierde Almas nació de manera inesperada, cuando el pintor Jonathan Barbieri recibió una invitación para exponer su obra en una cata de mezcal. Los organizadores estaban interesados en que presentara unas piezas que había realizado sobre una cantina ficticia llamada La Pierde Almas. Sin embargo, todas las piezas estaban vendidas. Aún así Barbieri se ofreció a participar en la cata con sus propios mezcales. Y su éxito fue tal, que con ayuda de un amigo, ahora socio, el resto fue cuestión de tiempo.

Para realmente entender el alma de este mezcal, hay que vivir su proceso. Barbieri y la mexicana Yira Vallejo, líderes de la firma, nos invitaron a Oaxaca a participar en su décima reforestación anual de agaves silvestres, con la que conocimos de primera mano el espíritu de Pierde Almas. La ruta comenzó en un camino agitado de tres horas hasta San Luis del Río, donde entre escenarios secos y repletos de distintos tipos de agave, pasaríamos la mañana sembrando. Para Barbieri es muy importante regresar a la tierra lo que ésta le ha dado, así que, ayudados por don Goyo Velasco, maestro mezcalero de Pierde Almas aprendimos a cavar hoyos en la tierra árida para sembrar en ellos agaves tepextate y tobalá.

mezcal pierde almas
Cortesía de Diageo
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Después de una mañana de trabajo arduo –y más si se viene de un ambiente urbano–, nuestros anfitriones nos guían por la sierra para presentarnos una comida especial, realizada por la cocinera tradicional oaxaqueña Celia Florián. La realidad es que el encanto va más allá de la cena. Estamos comiendo en un lugar donde la naturaleza manda: no hay señal de celular, hay una selección de frutas disponibles con tan solo estirar un brazo hacia los árboles, y lo que nos reconforta de la mañana calurosa es el viento que trae consigo el atardecer. 

A lo lejos, vemos a mujeres reunidas en torno a un riachuelo para lavar la ropa. Yira nos explica el compromiso de Pierde Almas con la comunidad. Recientemente construyeron una biblioteca para que los habitantes de la sierra se cultiven en toda clase de materias, desde cocina hasta asignaturas escolares. Así, la firma cuida no sólo el bienestar de su gente, sino que los impulsa perseguir sueños mayores y adquirir una visión más amplia del mundo.

Cercano a donde comemos, percibimos el olor del agave, pues cuatro hombres acaban de meter doce toneladas de piñas a un hoyo en el piso que funge como horno. Después de cinco días estarían listas para molerse, fermentarse y destilarse, todo de manera artesanal, para convertirse en el mezcal premium de Diageo. El mismo que busca la sustentabilidad en todo momento, tanto con la comunidad como con la naturaleza y la artesanía misma. Cada botella es garantía de un fuerte respeto, entrega y pasión por un mezcal bien hecho.

Al día siguiente nos trasladamos a San Agustín Etla, donde John nos presenta al maestro Alberto Valenzuela, el artesano encargado de convertir el bagazo del agave en papel para las etiquetas del mezcal. Para Valenzuela, hacer papel es mucho más que trabajar con fibras; su origen huichol le hace reconocer que, en realidad, está contribuyendo en la creación de la realidad.

A medida que explica el papel –y la vida misma–, parecería que es una persona muy generosa con su conocimiento. Sin embargo, para él, el conocimiento le pertenece a la humanidad. Eso, entre otras cosas, hace que para Pierde Almas sea primordial regresar lo que recibe.

Esta visita es suficiente para entender la esencia de Pierde Almas: un mezcal hecho para celebrar la vida misma; un trago que aunque afirma hacer perder el espíritu, no hace más que elevarlo, gracias a las mentes apasionadas que día a día hacen que el mezcal sea una realidad.