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Al igual que las personas, las uvas también viajan, y lo hacen para encontrar un lugar que los mantenga en plenitud. Cada uva tiene una historia y, entre ellas, la malbec es una de esas trotamundos que encontró su lugar ideal en otro continente. Su travesía comenzó en Italia, para después asentarse en Cahors y de ahí emprender un camino que la llevaría hasta Argentina, país que la presume como emblema de su cultura vitivinícola.

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Tanto, que el 70% de sus viñedos son de esta variedad. Pero, fuera de datos duros, la malbec es adorada por aficionados y expertos por igual, gracias a su perfume a ciruelas, frambuesas y vainilla. Para lograr su mejor expresión, enólogos como Maximiliano Ortiz de la bodega Trivento, se esfuerzan por destacar la personalidad del malbec, así como las diferencias que el terruño otorga.

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El esfuerzo ha dado frutos. Actualmente esta bodega lleva sus etiquetas a cinco continentes y 100 mercados, entre ellos México. Aquí, están disponibles dos expresiones: Trivento Reserve y Trivento Private Reserve. Ambos demuestran que el vino es para disfrutarse en compañía, a la par de un asado de cortes de carne de res, pescados y mariscos; y en una terraza. Y ¿quién se negaría a una tarde como esa?