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Un viaje en avión es una forma efectiva y cómoda –algunas veces más que otras– de llegar a cualquier destino. Pero también es sumamente contaminante. Por eso, Suecia se está revelando contra las aerolíneas con el movimiento Flygskam o flight shame.

La industria aérea es responsable del 2% de emisiones de dióxido de carbono en el mundo, de acuerdo con la Organización Internacional de Aviación Civil ICAO de la ONU, siendo el medio de transporte más contaminante por kilómetro recorrido. Apoyado en estos datos, hay un creciente movimiento entre los pasajeros suecos conscientes del impacto negativo que su viaje tiene con el medio ambiente. Flygskam es una palabra compuesta que hace referencia a la vergüenza sentida al volar.

El boicot se ha dado en las distintas redes sociales, con los hashtags #StayOnTheGround y #jagstannarpamarken, y ha generado otro movimiento: el Tagskryt o train bragging busca incentivar el uso del tren como un medio de transporte más verde.

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Como resultado, de acuerdo con The Guardian, los viajes en tren han aumentado en un 8% este año, y el número de pasajeros de avión se redujo, también, en un 8% (según Swedavia, empresa dedicada al control del tráfico aéreo en los aeropuertos e Suecia).

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Ambos esfuerzos tienen como base el ambicioso plan de Suecia de convertirse en una ciudad neutra en carbono, equilibrando las emisiones de dióxido de carbono con la cantidad absorbida por las plantas.

De acuerdo con Reuters, la industria de aviación tiene un plan de cuatro años para, también, alcanzar la neutralidad de carbono en 2020. Para eso, combinará combustibles naturales, aviones más ligeros y un rediseño de las rutas de vuelo para reducir los kilómetros recorridos.