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Durante las mudanzas, el fotógrafo Carlos Lang descubrió que el movimiento entre ciudades o países es su naturaleza. Sin embargo, con la Ciudad de México tiene un vínculo especial gracias a estos rincones. El equipo de Travel + Leisure y Caremuch hicimos un recorrido por estos spots entrañables. 

Para Carlos Lang (@caremuch) los viajes no siempre fueron sinónimo de aventura, sino de despedida. Se crió como pasajero, pues el trabajo de sus padres lo llevó a vivir en distintas ciudades del país como Querétaro, Cuernavaca, Monterrey, Guanajuato y la Ciudad de México. “Al principio era muy triste decir adiós a los amigos, y tener que hacer nuevos; pero de pronto viajar se volvió parte de mí”, recuerda el fotógrafo de 31 años en Cicatriz Café, uno de sus rincones favoritos en la colonia Juárez.

Los Ángeles, California, fue el siguiente hogar para la familia Lang. Allí Carlos descubrió su amor por la fotografía mientras estudiaba la preparatoria. “Tenía clases de revelado en la escuela y trabajaba fotos de otras personas, entonces mi papá me regaló una cámara y me dediqué a las mías”, explica al tiempo que agradece a sus padres por sus más grandes pasiones: los viajes y la imagen.

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“Si algo esperas de un reloj es que no deje de moverse; así es como yo quisiera ser.

Su naturaleza trotamundos lo llevó a experimentar cada destino como lo hace un residente. Al terminar la universidad, se dirigió a Brasil para fundar una casa productora en Curitiba. “Fue el viaje más catártico porque una cosa es viajar, y otra es llegar para hacer vida y aprender el idioma para hablar como local”, expone mientras nos lleva a un recorrido por su barrio, la colonia Juárez. “Estuve a punto de desistir, pero me di cuenta de que entre más fricciones pasas, más grande será tu juego. Aprendí más de mí y de lo que podía hacer”.

Tras vivir en Brasil, Chile y Argentina, Caremuch, como lo conocen sus más de 300,000 seguidores en Instagram, asimiló que su rumbo no es la quietud. “Mi consigna de vida es ‘Moving is living’ porque tenemos el tiempo muy contado y me gusta que todo esté moviéndose”, comenta. Tan no le gusta vivir del pasado, que en su apartamento no tiene colgada ninguna fotografía de su autoría. “Mi intención todo el tiempo es crear, así que no me gusta casarme con un tipo de imagen”.

“Reconozco mucho de mí en el lema de Lange: ‘Never stand still’.”

Es por esto que el cronista visual encuentra un vínculo con la relojería a través de A. Lange & Söhne, manufactura alemana por excelencia. “A simple vista, un reloj de la marca es una pieza muy limpia y elegante, pero al girarlo te das cuenta de lo estructurada que es”, explica. Ésa es la aspiración de Lang, ser alguien sencillo que no busca llamar la atención, pero que tiene una historia de aprendizaje y preparación.

“Reconozco mucho de mí en el lema de Lange: ‘Never stand still’. Al tiempo que busco estar en constante movimiento, entiendo que es importante tener presente el pasado para conservar lo que realmente vale”, relata. Al entrar a su departamento es evidente su pasión por la artesanía, otro de los rasgos que admira en los relojes de lujo fabricados en Glashutte, Alemania.

“Pregunté a los maestros relojeros la razón por la cual tienen un equipo de investigación, si ya lograron la técnica perfecta. Su respuesta fue contundente: ‘Porque siempre podemos ser mejores’. Si algo esperas de un reloj es que no deje de moverse; así es como yo quisiera ser”, manifiesta. La motivación de Carlos Lang es nítida: nunca dejar de moverse. De ahí que empacará solo lo esencial para mudarse a Japón a finales de este año.

Feature originalmente publicado en la edición septiembre de la versión impresa de Travel + Leisure México.
Texto: Natalia Chávez
Fotografía: Tanya Chávez
Relojería: A. Lange & Söhne
Producción: Travel + Leisure México