- Publicidad -

Desde Rusia 2018 vivimos la increíble emoción de ser testigos del inesperado triunfo de la selección mexicana en este lejano país.

Mañana seguramente amaneceremos afónicos, pero habrá valido la pena sentir la garganta descartada por el grito de gol tras la anotación de Hirving Lozano y el canto del “Cielito Lindo” inundó las gradas del estadio Luzhniki, en Moscú.

Mientras se desgarraban las gargantas, llovía cerveza y a nadie le importaba. La emoción era tal que el fan que acaba de ser empapado abrazaba a quien lo había bañado y  el “sí se pudo” sonaba duro, como un grito de guerra al momento en que los alemanes abandonaban sus asientos fríos.

- Publicidad -

Así es el fútbol. Sorpresivo y bello. La Selección Mexicana y su director técnico Carlos Osorio cambiaron el escepticismo y pesimismo de la afición por un júbilo que hizo retumbar el estadio.

Y a los que habían dudado del ortodoxo sistema de Osorio, nos había callado la boca. Pero lo cierto es que todos gritaban y bailaban.