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Seamos honestos, volar en avión puede ser una experiencia sumamente incómoda. Y quitarte los zapatos puede parecer una opción para hacerlo más cómoda.

No sólo los asientos son cada vez más estrechos, sino que además nuestro cuerpo sufre algunas alteraciones por la despresurización. Eso resulta en oídos tapados, piel reseca y lo peor: pies hinchados.

Aunque muchos pasajeros consideran que el mejor remedio para este último mal es quitarse los zapatos, en realidad es lo peor que pueden hacer y la razón esconde un desagradable secreto.

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Los zapatos tienen más funciones de las que creemos. Y aunque parezca que sólo nos protegen del suelo para no lastimarnos o quemarnos, no es cierto. Una de sus funciones es ser como compresores. Esto les permite mantener los pies en un tamaño “normal”.

Éstos, son una protección para no tener contacto directo entre la piel y el piso de cabina. Además de, que mantenerlos puestos es sinónimo de respeto a los compañeros de asiento.

Los zapatos son tus amigos

La alfombra del avión suele ser aspirada, pero casi no se lava. A menos que sea necesario. La única excepción es cuando algo se cae. Pero si es el caso, sólo se lava la sección ensuciada para eliminar la mancha. Así que aquellos que se quiten los zapatos estarán caminando sobre años y años de suciedad acumulada. Todo un campo de bacterias.

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Como si esto no fuera suficiente, las mesas, los posa brazos y los asientos tampoco son limpiados rigurosamente. Además, tanto en los pasillos como debajo de los asientos puede haber restos de vidrios rotos que no se hayan alcanzado a recoger, dándonos una razón más para nunca quitarnos los zapatos durante un vuelo.